Elucubraciones 1 (La Cosa)
… ¿Acaso me pertenezco a mí
mismo? ¿Qué encuentras cuando te buscas y no te encuentras en el lugar en donde
debes estar? ¿Una huella, una hiancia, un resquicio de algo que fue...? Estar
donde no debes estar ya supone un desencuentro; pero no estar en ninguna parte, no lograr ubicarte en algún punto en algún registro es devastador. Tendré que
emprender la ardua tarea de encontrarme de nuevo, rescatarme de ese agujero en
el que no existo, del cual no existo porque no puedo alucinar.
Es la Cosa que me atrapa, esa Cosa
siniestra y pavorosa que se esconde en la nada, no puedo decir mucho mas de
esta Cosa que no genere más rechazo y más duda de la que de por si ya tiene. Solo puedo dar tumbos e intentar atrapar algo que se esfuma en el mismo acto en
el que lo atrapo. En esto los poetas nos
llevan continentes de ventaja, hacen uso del significante y lo elevan a su
máxima potencia, potencia que no se ve mesurada si no por la misma
imposibilidad de adhesión del significante al cuerpo y a sus limitaciones. "La brisa de la muerte
enamorada que ronda como un ángel asesino" dice Fito, y continúa diciendo, "mas
no te asustes siempre se me pasa, es solo la intuición de mi destino". Hay mejor
manera poética de referirse a la Cosa. Es el Das Ding, el tormento de lo Real.
“Lo único que puede otorgarle
a nuestra existencia el sentido que esperamos de ella, son nuestros propios
actos, en tanto sean esclarecidos por el coraje de resistir a la pulsión de
muerte, y el de no ceder a nuestro deseo” (Divan Lacaniano , 2020) entonces, no me queda
más herramientas que resistirme a la Cosa que me atrapa con la única
herramienta que dispongo y de la cual puedo hacer uso, la del coraje y la
valentía. Es esto lo ominoso de lo cual no puedo escapar, porque no dispongo del
suficiente coraje y valentía, porque cuando no te hayas allí donde debes estar,
aquellas herramientas son una quimera.
Pero sobrevivo, sigo adelante hasta que
encuentro algo de lo cual aferrarme, a veces una muleta, otras veces es una
silla de ruedas; cuando tengo más suerte encuentro unas prótesis a la medida, pero
nunca mis propias piernas, simplemente porque me son ajenas. Hacen parte de un
campo al cual no puedo acceder, no me pertenecen porque me preceden, estuvieron
allí antes de yo existir y seguirán estando después de que muera. Otra vez el
significante haciendo de las suyas en el cuerpo; no hay posibilidad de cuerpo
sin significante, porque el significante no es eso que utiliza el sujeto para
generar sentido, el significante es eso que utiliza al sujeto para llenarse de
sentido. Es esta la ley del significante.
El deseo por su parte, no me genera menos tribulación. ¿A qué deseo no debo ceder, a mi deseo consciente o a mi deseo
inconsciente? Mi deseo consciente es una mentira, es una invención, poco importa
ceder a el o no, ya que al final me daré cuenta que no era eso lo que deseaba en
realidad. Por otra parte el deseo inconsciente me es ajeno y me evita a toda
costa, guarda un secreto con ardor, el cual me hace consciente de su presencia
por medio del síntoma, y se escabulle como una sanguijuela por mi mente y por mi
cuerpo.
No puedo escamotear la Cosa, la
Cosa me es propia en tanto registro de lo real, es acogida desde el
origen de mi existencia, pero me es ajena en cuanto su propia ley significante, en cuanto me precede. La Cosa es lo unheimliche.










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