Elocubraciones 3 (Sueño)


Despierto y tengo sueño, me siento descansado pero quiero seguir durmiendo - ¡Eres un Holgazán, levántate ya! – me digo. Pero hay algo que me atrapa además de la almohada, algo sospechosamente perturbador más que placentero me incita a quedarme totalmente quieto, un resquicio onírico que palpita y me está hablando, me susurra, pero estoy demasiado sordo o demasiado somnoliento para poder escucharlo.

Al fin me levanto y comienzo el día, estoy con ánimo de empezar y mi cuerpo me dice que el descanso ha sido satisfactorio, me propongo a iniciar con los hábitos matutinos, pero cierta incomodidad me acompaña. Inseparable como un compañero de excursión, permanece fiel y no se aleja. Aunque con facilidad logro despejarlo, apartarlo lo suficiente para que no me entretenga con su insistente camaradería, algo de “eso” se va fundiendo como una amalgama, y logra sutilmente vincularse a “otra cosa” en mí. Poco a poco le voy restando importancia.

El día trascurre, y con él lo hace la cotidianidad, las labores, los encuentros y las reflexiones. Todo en su movimiento ignora el murmullo, la nota emitida en infrasonido que emana desde dentro y me quiere advertir de algo. Me siento extraño y corriente, sometido y liberado, anestesiado y lucido; un sinfín de paradojas que soy incapaz de develar, un turbio oxímoron al que no puedo dar forma.

¡Hasta que lo escucho, lo veo, lo siento o todo a la vez! invade y trastoca hasta el último centímetro de mi cuerpo, irrumpe de la manera más fortuita, desafortunada e insípida; el momento de la rememoración onírica, el flash back que hace que todo quede suspendido en el espacio tiempo, y que me permite un vistazo a lo prohibido; el viaje atemporal que me deja inerte en ese pequeño, pequeñísimo instante de verdad.

Un solo movimiento en falso supondría perderlo todo, borrarlo con tan solo tomar aire, me tambaleo como un equilibrista en una cuerda floja, si me salgo estoy perdido, si me quedo estoy más perdido aún. Acto seguido no queda nada, el aquí y el ahora retorna como un tsunami y no quedan más que fragmentos, un puzle indescifrable de pequeñas piezas que con el tiempo han palidecido; vuelvo a concentrarme, a tratar de ver la escena completa, el guion, los protagonistas, el escenario; pero es demasiado denso el metraje, demasiado sentido para el sinsentido al que estoy acostumbrado. Me reincorporo, y solo quedan muchas preguntas que ni siquiera me atrevo a formular.

Ese momento de atravesamiento onírico, de rememoración de lo vedado, me deja anclado al insoportable de lo real, me deja prendado a una imagen, a una captura de pantalla que solo me permite su visualización en el recuerdo previo a su huida. Un espectro inabordable que viene a interrogarme, el susurro se vuelve eco y una voz surge de la oscuridad y me dice - “¡Ya es hora de despertar!” -.

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