El respeto a la diferencia como vía a la igualdad.



Simone de Beauvoir decía que la mujer no nace, se hace. Así pues, como el psicoanalista, que desde una mirada crítica y ética se autoriza a practicar el psicoanálisis, yo me autorizo a ser mujer en lo que respecta a la lógica del género, sin que con ello mi ridícula masculinidad se vea revocada.



En un mundo que se ha caracterizado por estar atiborrado de masculinidades, cualquier tímido clamor de "otra cosa" queda censurado, y si no se puede, aniquilado. Si hay algo que compartimos tanto hombres como mujeres, aferrados a la nostalgia de lo fácilmente reconocible, es el rechazo a la feminidad. Y es que la feminidad significa todo eso que puede caer dentro de esa "otra cosa". Es la alteridad, o, con el permiso de Derrida, e incluso con el riesgo de hacer un mal uso de esta palabra: la différance.

El discurso capitalista en compañía de la tecnociencia, en su rampante monopolización de los sexos, elimina la diferencia y busca homogenizar el goce. El goce fálico es el goce que impera, lo vemos todos los días en la publicidad, los medios de comunicación, la pornografía etc. No hay cabida para el goce singular en el mundo de hoy. Incluso las terapias conductuales al servicio del marketing, normativizan el goce fálico como la forma correcta de existir.

El goce que no está bajo la lógica fálica es el goce femenino, la lógica del uno por uno que cuestiona el universal de la norma, esa norma que crea la segregación (si no eres igual a mí, no existes). La feminización del mundo consiste, a mi modo de ver, en esa diferencia que tiene que ser reivindicada.

No hay igualdad posible entre los sexos si no se parte desde el reconocimiento a la diferencia, y esa búsqueda se hace a partir de lo que nos puede enseñar lo femenino, la escucha, el cuidado, el amor. Lacan decía que la mujer genera mejor lazo con lo real. Lo real es justamente eso que no está en el lenguaje, que no puede ser nombrado. No nos puede ser indiferente el hecho de que la mujer tenga esa capacidad de lazo con lo real; y a propósito, de ser también la escenificación de la justicia y el amor en la mitología griega, lo femenino es lo que posibilita transitar de lo real a lo imaginario, con lo que en definitiva, permite hacer vínculo.

Haciendo uso del aforismo de Lacan: "el amor es lo único que permite al goce condescender al deseo" ese es, sin lugar a duda, un terreno conquistado por el feminismo. Es por la vía del amor que la ortodoxia del goce fálico puede condescender a goce femenino, al respeto a la diferencia, al derecho a la igualdad.


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