Como responde el psicoanálisis frente a la violencia de genero


Pareciera que ahora los medios de comunicación poseen una fuente inagotable de noticias sobre violencia de género, día tras día nos relatan casos de homicidio, violaciones, maltrato familiar y otras tantas formas de agresión que comúnmente son efectuadas hacia los más vulnerable, niños, mujeres, ancianos. ¿Pero qué sucede detrás de toda esta epidemia de ultrajes, como explicar dicho comportamiento desde el perpetuador hasta el perpetuado?

Toda clase de violencia llámese misoginia, homofobia, racismo, xenofobia etc. Son en un primer momento la no aceptación de lo diferente que tiene el otro, y que puede ser amenazante para la propia identidad; ya sea de una forma individual o colectiva, sus costumbres, rituales, formas de expresión, de vestir de hablar de pensar. Y, en segundo lugar, la naturaleza del ser humano posee dos facetas, así como podemos mostrar bondad, simpatía y compasión, por otro lado, poseemos una inclinación a la maldad como ningún otro ser vivo la tiene “nada es más humano que el crimen” (Miller, 2018) Así pues, la transgresión es algo propio del ser humano, y qué mejor forma de expresarla que hacia el que nos es extraño y nos presenta una amenaza para la supervivencia.

¿Pero de qué forma se puede explicar este miedo a lo diferente, cuando hablamos propiamente de la violencia machista? a simple vista no habría nada a lo cual temer. Posiblemente aquí el dicho popular de que los hombres son de marte y las mujeres de venus nos daría un punto de partida al interrogante.

La no aceptación del otro, el psicoanálisis lo explica como el rechazo al goce del otro, a su forma particular de gozar, y a un afán de un goce indiferenciado único en donde no haya cabida a la alteridad, el goce femenino es un goce Otro. Es un goce sin acotamiento; mientras que el goce masculino es un goce fálico, elemental en comparación al goce femenino. Por medio de esto Lacan llega a la fórmula “no hay relación sexual” no hay una pauta o programación para la relación entre hombres y mujeres, como si la hay en el mundo animal, en este siempre se repite el mismo patrón. En nuestro caso, nos toca reinventarnos y escribir algo nuevo en esa hoja en blanco que se llama relación.

Esta misoginia es perpetuada por aquellos que no soportan esa forma diferente de gozar, que les es ajena e incomprensible y buscan la manera de eliminarla, abusando de ellas, maltratándolas, violándolas y matándolas. Muy a menudo vemos en la sociedad mujeres que son víctimas de esta situación, toda la vida al lado de un hombre que las maltrata, y si al fin deciden empoderarse y salir de ahí, se encuentran con que la siguiente relación no cambia mucho de la primera. ¿Pero qué pasa ahí, será que la famosa frase femenina “todos los hombres son iguales” es cierta, o hay algo más?

¿Por qué se repite lo displacentero?, en este caso es válido hacernos esa pregunta y ver que anda mal en el sujeto para sentir una especie de atracción demoníaca hacia su padecimiento. Freud en su teoría el principio del placer encontró una serie de casos que contrariaba dicho postulado, sujetos que se veían forzados a repetir ciertos actos que les eran harto penosos y displacenteros. Eso que se repite es el síntoma, es lo reprimido que retorna, el trauma que se hace manifiesto no sólo por medio de sueños, lapsus, y equívocos sino también de compulsión a la repetición, parte del trabajo psicoanalítico se encarga de acompañar al sujeto a recuperar el poder sobre eso que le aqueja.

A diferencia de las psicoterapias, el psicoanálisis va a lo más recóndito del sujeto, allí donde tiene lugar todo lo que, por algún motivo, algún día dejo de existir; aunque en realidad sabemos que si existe, y se manifiesta por medio de todas aquellas formaciones que no tienen una lógica apelable para el sujeto. Hay un decir en cada padecimiento una historia que contarse, cadenas significantes que necesitan ser evocadas, de eso se trata la asociación libre, no solo hacer que el sujeto hable de todo lo que se le venga a la cabeza -que resulta ser más difícil de lo que parece - sino además que esa persona se vuelva historia, su propia historia para sí mismo.

Somos sujetos en falta, de hecho eso es lo que nos hace humanos, sujetos divididos por el lenguaje, barrados desde el origen, y esa falta se ve representada en cada discurso, en cada acto, en cada relación “Si de algo sufre el amor es de la locura fálica que supone querer el todo sin soportar la alteridad con el famoso, la maté porque era mía, No, no era tuya, era siempre de otra, incluso Otra para sí misma” (Bassols, 2016)

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