Colombia bajo el yugo del divide et impera

 


Y de nuevo, como si de un manto invisible se tratase, la amnesia recae en el pueblo colombiano. De nuevo somos víctimas y victimarios de nuestro propio síntoma social, la trama del establishment político - ahora con un plus de populismo más acérrimo y desacomplejado - vuelve a operar con acierto allí donde somos vulnerables, en nuestros miedos más irracionales.

Dada nuestra particular y trágica historia, pensar la política, no en su vertiente de fuerza e imposición sino en su potencial de consenso, es un acto castigado como si de brujería se tratase. Al mejor estilo de la Santa inquisición, cualquiera que ose abrir un debate público debe ser quemado en la hoguera. Este es un ideal que no gratuitamente ha ido calando a lo largo de la historia en el inconsciente colectivo colombiano. 

El gran aporte que le dio Cicerón a la civilización, como es la retórica, ha quedado eclipsado por la brutalidad de la demagogia. Aristóteles ya advertía del peligro que supone para las democracias el uso de la demagogia en el discurso político, y el pueblo colombiano no conoce otra cosa más que el exceso de esta práctica, tanto es así, que lo ha convertido en su realidad, una realidad inmutable y fatalista.

¡Divide y vencerás!

El famoso aforismo que huele a chamusquina cuando se evoca, de nuevo nos da lecciones de estrategia electoral. Tal y como se hizo posible la anterior legislatura, la trasnochada, pero al parecer efectiva estrategia de división del electorado de derechas, ha sido todo un éxito. Se ha forzado a una segunda vuelta en donde la siguiente fase de la agenda electoral, consiste en el desprestigio no solo político sino personal del adversario.

En una de las participaciones electorales más polarizadas que ha vivido el país, la táctica de ampliar el ecosistema político de derechas para retener el voto de los más conservadores, pasa por presentar dos opciones. La primera, representa al votante continuista y amante de la libertad sin igualdad. La segunda, el de la huida hacia el “centro”, en donde se está por encima del debate de los proyectos para el país, cuestión que, por otra parte, es un derecho del ciudadano y un deber del candidato: el dar a conocer sus propuestas y ponerlas al servicio del debate electoral. Pero al parecer, algunos están exentos de dicha obligación.

Tenemos así la carta abierta para el consumidor. ¿Te gusta la hamburguesa sin cebolla? ¡La tienes!, ¿quieres un plan de telefonía a tu medida? ¡Faltaría más! La ley del mínimo esfuerzo, en donde al ciudadano-target se le presentan las opciones electorales limitadas al marco del branding publicitario. El fetichismo de la política, donde queda fulminado todo discurso que no sea del semblante, lo cual deja el terreno abonado para los nacionalismos identitarios.

De nuevo les hemos comprado la hamburguesa y el plan telefónico a la derecha mediática. Y de nuevo, lo que vamos a conseguir van a ser las migajas y un contrato con una cláusula abusiva difícil de saldar, posible solo para los beneficiados con este contrato.

Finalizado el escrutinio, el candidato por la Coalición Equipo por Colombia, al ver el inevitable fracaso de su representación (dada la estrategia del que él también hace parte), manifestó su rotundo apoyo al populista Rodolfo Hernández, en donde con un cínico “no vamos a poner en riesgo el futuro de Colombia” catapulta de nuevo al electorado de derecha hacia la unidad. Dentro de toda su desfachatez hay que reconocerles que han sabido manipular bien los hilos de la mecánica propagandística, no gobierna quien tiene la mejor propuesta, gobierna quien mejor la sabe vender; y casualmente aquellos que manejan bien este oficio, también tienen gran habilidad en el antiguo, paro no obsoleto arte de la prestidigitación.  

Clases de trumpismo en 3,2,1

El nuevo candidato que se orienta para ser el paladín de los aristócratas trabajadores «personas que están cegados por sus privilegios» se posiciona como el altruista millonario que viene a desterrar la corrupción. Lo que se le olvida mencionar al candidato, es que gran parte de su fortuna la ha amasado gracias a las licitaciones otorgadas a dedo por las legislaturas de Uribe, del cual ha dicho abiertamente estar agradecido por el apoyo que le ha dado. Es evidente que el señor Rodolfo va tener un conflicto de intereses muy grande si llega a la presidencia. 

Sus declaraciones lo marcan como un ferviente pregonero del modus operandi trumpista, entre sus discursos misóginos, las 30 investigaciones por agresiones a funcionarios públicos, sus lapsus entre Adolf Hitler y Albert Einstein y sus mítines electorales por TikTok, lo ubican en la misma línea de la escuela trumpista de muchos otros lideres que han incursionado a tan popular ideología. El capitalismo también tiene cura para la desesperación que ha ocasionado.

Llegados a este punto la pregunta obligada es: ¿se le puede exigir más al votante colombiano?

No me cabe duda de que con las herramientas adecuadas se puede llegar a ese ciudadano desorientado, y cuando digo desorientado no me refiero a su elección política, me refiero al abandono al que nos tienen sometidos. Ese abandono es el resultado de unas políticas que se alejan cada vez más de los problemas de la sociedad, y nos condenan al individualismo y a la muerte de lo que en definitiva debe ser la base de una democracia representativa. 

La concepción del ser humano centrado en sus atributos individuales y rechazando sus características sociales, da cuenta del pensamiento burgués-neoliberal que acude al personalismo para explicar más que los éxitos de quienes la defienden, los fracasos de quienes la padecen. La precariedad laboral, la desigualdad de oportunidades, y la desviación social, se convierten así en problemas personales que nada tiene que ver la sociedad, y que, si la distribución de las riquezas está establecida de tal manera, es por los recursos individuales y no por las dinámicas sociales que establecen quienes las gobiernan.

Las herramientas que tiene Colombia para liberarse del megáfono de la falsa conciencia, las tienen los jóvenes, esta nueva generación que, a diferencia de la anterior, no tiene ya nada que perder, porque hasta el futuro nos han arrebatado. A través del arte, de la cultura, de la conciencia y el cuidado por el medio ambiente, de la inclusión de las minorías y de la reconciliación con su pasado, es posible una sociedad en donde su representación política sea acorde a su pluralidad como pueblo. 


Viñeta de: Matador 

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