En tiempos de Pandemia
Afuera hay un peligro de contagio, hay un posible enfermar, decidimos confinarnos para reducir ese riesgo, pero el riesgo toma otro cause, un riesgo de un real de la pandemia a cambio de un riesgo de un real del confinamiento, del encuentro con el abismo, con nosotros mismos, con le je. Al encontrarnos despojados de nuestras responsabilidades, de nuestros hábitos y costumbres, en definitiva, de lo que nos representa y lo que crea la imagen de lo que somos frente al mundo y frente a nosotros mismos, llega lo real vestida de angustia, ese mal-estar que no podemos localizar en ninguna parte, que no podemos darle forma, que por más que le tratemos de dar sentido no cesa de inscribirse en el mismo sinsentido.
El encuentro con lo real nunca es sin trauma, es un dolor que emerge siempre del encuentro con lo más íntimo, de lo más germinal de cada persona, y el confinamiento puede ser para muchas personas un acontecimiento que se preste bien para dicha labor ,así pues, al huir de un peligro nos encontramos con otro, con un peligro familiar si retomamos a Freud que plantea [Lo siniestro 1919] como “aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás, y continua diciendo, se trata de lo que es familiar, confortable, por un lado; y de lo oculto, disimulado, por el otro. Unheimlich sería todo lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado.”
Nos encontramos entonces con una suerte de Unheimlich vía el aislamiento, que para muchos ya supone una pérdida de sentido, es allí donde el Otro encarnado por el otro nos da un sentido de vida. Actualmente esto se ve amortiguado gracias a las redes sociales que nos permiten encontrar esa necesidad social por medio de una pantalla, pero que siempre deja un resquicio, un anhelo de lo corpóreo. No puedo evitar evocar la alegoría de la caverna de Platón, referente al vaticinio que nos ofrecen las tecnologías informáticas de nuestros tiempos. “Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. – Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros. –Pero son como nosotros. Pues, en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?” [La República, VII, 514a-517c]
Son muchas las formas que tenemos hoy en día para palear eso siniestro, la pandemia nos ha obligado a reducir esas formas de goce que tan a la contraria van con la ley de la naturaleza y de la cual poco a poco se habla más. Pero siempre y desde tiempos antiguos hemos encontramos la manera para que se imponga lo imago que se apoya de lo simbólico y nos da las herramientas para que eso sea sin acotamiento. No podemos más que sortear el camino de lo especulativo, tomar acción frente a lo que nos devenga y apostar por un cambio significativo en donde pueda converger un poco solo un poco la ley de la naturaleza y el goce de la civilización.
Referencias Bibliográficas
Lo siniestro 1919: Sigmund Freud, Lo siniestro, 1919
La República, VII, 514a-517c: Platón , La república, 514a-517c











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